domingo, enero 10, 2010

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Ella estaba en la estación, caminaba desesperada de un lado a otro metiendo de vez en cuando sus delgadas manos en el abrigo que la cubría. De pronto se detuvo y sacó un cigarrillo que no pudo encender... lo lanzó con vehemencia al suelo y comenzo a llorar desconsolada; yo atento desde otro extremo la contemplaba, me había cautivado su energía y su rostro tan ordinario...




4 comentarios:

JACQUEL (antes wrutuu88uu) dijo...

Rafael, que amable y atento es usted. Me alegra saber que sí algún día padezco el mismo mal que el de la mujer esta, tendré a alguien con quien desahogarme, afortunada-o desafortunada-mente no soy yo la del relato. Un abrazo.

Psi-Lab dijo...

Lo que me cautivaría estando en primera persona en esa micro historia es la disonancia de juzgar a alguien de ordinaria estando en una situación ridículamente extraordinaria. Yo al igual que Rafael iría corriendo a socorrerla y es que lo conmovedor aquí, no es pensar en la escena de una neurótica que llora por un motivo idiota, más bien es la idea de que quien sufre intensamente, vive intensamente también.

Francisco Palacios dijo...

Es eso o se quemó con el encendedor o era un cigarrillo de broma...

mmm

yo siempre tan vulgar, corriente, escéptico e incompresivamente incomprensivo

JACQUEL (antes wrutuu88uu) dijo...

Rafael: Me quita otro peso de encima... no crearle la imagen de que estoy atormentada... jeje.. un abrazo.

Psi: Amén. Besos

Francisco: asi te quiero